Tochimilco.- Bajo la mirada serena del Popocatépetl y entre muros cargados de historia, la comunidad católica de este municipio vivió un momento de profunda espiritualidad.
El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, encabezó la apertura de la Puerta Santa en el templo de la Tercera Orden, recientemente restaurado, en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.
El acto, cargado de simbolismo jubilar, convocó a fieles de todas las comunidades parroquiales quienes cruzaron el umbral como signo de conversión, reconciliación y esperanza.
La apertura de una Puerta Santa, tradición arraigada en los años jubilares de la Iglesia, representa el acceso espiritual a la gracia divina y la renovación del corazón cristiano.
La visita pastoral coincidió con el jubileo franciscano, conmemoración por los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, figura universal de humildad, pobreza evangélica y amor a la creación.
Tochimilco, con su emblemático convento franciscano del siglo XVI, se convierte en escenario privilegiado para esta celebración que rememora la presencia histórica de la orden en la región.
El conjunto conventual, considerado uno de los más representativos de la arquitectura virreinal en Puebla, forma parte del corredor de exconventos al pie del volcán Popocatépetl, varios de ellos reconocidos como patrimonio cultural por su valor histórico y religioso.
Como signo de cercanía pastoral, el arzobispo llevó consigo una imagen del Niño Cieguito, advocación entrañable para los fieles poblanos, venerada en el templo de las Capuchinas en la ciudad de Puebla. La presencia de esta imagen despertó la devoción de los asistentes, quienes elevaron oraciones por sus familias y comunidades.
En un tono cercano y emotivo, monseñor Sánchez Espinosa compartió que Tochimilco ocupa un lugar especial en su memoria al recordar sus años de formación en el seminario menor cuando visitaba la parroquia durante periodos vacacionales.
La jornada concluyó con una oración confiada a la Virgen María bajo la advocación de la Asunción, patrona del templo parroquial. Entre cantos, incienso y esperanza, el arzobispo elevó una súplica por la comunidad.: “Que la Virgen de la Asunción bendiga a los fieles de esta querida parroquia”.
Así, Tochimilco reafirma su vocación como tierra de fe viva, donde la historia franciscana, la devoción popular y la guía pastoral se entrelazan para mantener encendida la llama del Evangelio en las faldas del volcán.
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Foto: Cortesía VSE
cdch