En días recientes, Bad Bunny se convirtió en tendencia, no por sus conciertos, sino por una imagen que circuló en redes sociales donde aparece tocando una estela prehispánica en el Museo Nacional de Antropología. Este hecho reabrió el debate sobre el respeto al patrimonio cultural mexicano y hasta dónde llega el privilegio de las figuras públicas al interactuar con bienes históricos.
Controversias recientes con figuras internacionales
No es la primera vez que artistas internacionales generan polémica por acercamientos considerados inapropiados a piezas históricas en México. Madonna y MrBeast también han protagonizado incidentes similares, despertando críticas de especialistas y del público en general.
Tras finalizar su residencia de conciertos en la Ciudad de México, Bad Bunny compartió imágenes de los lugares que visitó, incluyendo la Casa de Frida Kahlo y el Museo Nacional de Antropología. Sin embargo, la fotografía donde manipula una estela prehispánica generó críticas inmediatas hacia el cantante y cuestionamientos sobre la responsabilidad de las instituciones culturales. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) aclaró que no otorgó permiso para tocar la pieza y que se hizo un llamado de atención al artista, resaltando la necesidad de proteger el patrimonio cultural.
En un caso previo, Madonna causó controversia durante su visita a la Casa Azul en Coyoacán. La cantante aseguró en redes sociales que pudo probarse chales y joyas de Frida Kahlo y leer cartas y diarios personales. Esto generó alarma entre historiadores debido a que las normas museísticas prohíben el uso de prendas antiguas, dada su fragilidad. Posteriormente, el museo aclaró que los objetos manipulados no formaban parte de la colección oficial, sino de una residencia privada, lo que mitigó parcialmente la polémica.
Por su parte, el youtuber MrBeast enfrentó críticas por un video grabado en zonas arqueológicas como Calakmul y Chichén Itzá, donde aparentemente exploraba áreas restringidas e incluso pernoctaba en templos mayas. Aunque el INAH confirmó que existían permisos oficiales, muchas escenas fueron teatralizadas en postproducción. La controversia escaló cuando se detectó que el contenido se utilizó para promocionar marcas comerciales, lo que derivó en un proceso administrativo y una demanda.
foto captura de pantalla
xmh