La noche de Año nuevo millones de personas se preparan para recibir el año nuevo con una serie de tradiciones que se encuentran arraigadas en nuestro país.
Uno de estos rituales es el de vestir de algún color en específico para atraer cosas buenas al año que comienza. Para muchos, el color funciona como un símbolo cargado de expectativas sobre lo que se quiere atraer en el año que empieza.
Amarillo, rojo, verde, rosado, blanco y azul se repiten entre los favoritos, cada uno asociado a deseos distintos: prosperidad, amor, calma, estabilidad o renovación. Más allá de la superstición, la elección del color también refleja estados de ánimo, necesidades personales y la forma en que cada persona se planta frente al nuevo ciclo.
De acuerdo con la psicología, estos gestos cumplen una función concreta: ayudan a ordenar expectativas y a marcar un inicio. Vestirse de un color no cambia la realidad, pero sí permite expresar de manera tangible lo que se espera del año que comienza, y ofrece una sensación de control frente a la incertidumbre.
Estos son algunos colores:
Amarillo: felicidad, abundancia y buena suerte
Rojo: amor, pasión y confianza
Verde: esperanza, estabilidad y crecimiento
Rosado: amor propio y armonía emocional
Blanco: paz, bienestar y nuevos comienzos
Azul: serenidad, confianza y equilibrio emocional
Además de la vestimenta, existen otros rituales ligados al simbolismo del color, como regalar flores amarillas para atraer prosperidad o alegría. La influencia de los colores va más allá de lo cultural: distintos estudios muestran su impacto en el ánimo y en la percepción emocional.
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Foto Archivo
LMR