Este 8 de febrero no solo se disputó un duelo intenso sobre el emparrillado entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks, sino que también quedó marcado en la memoria colectiva mundial por un momento con tintes culturales y sociales: la presencia de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, celebrado en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
Ante decenas de miles de asistentes y una audiencia global que siempre supera los cien millones de espectadores, Benito Antonio Martínez Ocasio —mejor conocido como Bad Bunny— se convirtió en el primer artista de origen latino y de habla hispana en encabezar en solitario el icónico show de medio tiempo. Este evento no solo es uno de los espectáculos más vistos del planeta, sino que suele reflejar también tendencias sociales y comerciales globales.
Antes de que el “Conejo Malo” tomara el centro del escenario, el ritual tradicional mantuvo su lugar: Charlie Puth entonó el himno estadounidense, seguido por Brandi Carlile con “America the Beautiful”, y la banda Green Day abrió con su propio set antes del partido. Sin embargo, la atención pronto se desplazó al artista puertorriqueño, cuyas dos décadas de carrera han transitado desde colaborar con figuras globales hasta convertirse en uno de los nombres más reproducidos en plataformas digitales.
La presentación del medio tiempo, que duró poco más de quince minutos, se diseñó como un mosaico de referencias culturales. El escenario evocó escenas comunes para millones de migrantes: vendedores ambulantes, trabajadores de la construcción, maquillistas y otras profesiones que suelen caracterizar la economía informal. Estos elementos se entrelazaron con imágenes de calles que recordaban barrios neoyorquinos y puertorriqueños, además de representaciones simbólicas como una boda comunitaria. La puesta en escena, acompañada de pantallas LED y luces intensas, tradujo en ritmo visual esa mezcla de identidades que caracteriza a tantas comunidades latinas dentro y fuera de Estados Unidos.
Musicalmente, Bad Bunny combinó sus éxitos más conocidos, como “Titi Me Preguntó”, “Yo Perreo Sola” y “Safaera”, junto con varias de sus piezas más recientes. En un momento que llamó la atención de los asistentes, mientras interpretaba “Voy a llevarte a PR”, el cantante tropezó con parte de la escenografía conocida como “La Casita”, diseñada para rememorar escenas de sus presentaciones anteriores.
Uno de los instantes más comentados del espectáculo fue la participación de Ricky Martin, con quien Bad Bunny interpretó “Lo que Pasó en Hawái” dentro de un curioso popurrí que incluyó temas emblemáticos de ambos artistas. El intercambio entre generaciones del pop latino reforzó la presencia del español y de ritmos caribeños en un contexto dominado tradicionalmente por artistas angloparlantes.
El impacto del show no se limita a lo musical. Bad Bunny llega al Super Bowl tras un periodo de reconocimiento crítico: en 2026 obtuvo el Grammy al Álbum del Año por “DeBí TiRAR MáS FOToS”, siendo este el primer disco completamente en español en ganar ese galardón —un hito que refleja cómo la música en español ha ganado terreno en circuitos culturales que históricamente privilegiaban el inglés. Sus declaraciones en esa premiación, donde criticó las políticas migratorias de ICE y defendió los derechos de los migrantes, también generaron debate y subrayaron un componente social que su actuación en el estadio no eludió.
No obstante, el evento generó reacciones diversas. Sectores conservadores cuestionaron la inclusión de mensajes considerados políticos o culturales más allá del entretenimiento. Pero muchos fanáticos y comentaristas vieron en la elección de Bad Bunny una señal de la creciente influencia de la música latina a nivel global. Para algunos expertos en medios y cultura pop, este medio tiempo puede ser recordado como uno de los más relevantes en la historia reciente del Super Bowl, justamente por cómo combinó música, identidad y conversación pública.
La trayectoria de Bad Bunny —de empacar comestibles mientras subía canciones a SoundCloud, a encabezar el espectáculo más visto de la música y los deportes— también traza un camino representativo de cómo el talento latino ha ido rompiendo barreras. Desde que su sencillo “Soy Peor” lo colocó en los mapas internacionales hasta que álbumes como El Último Tour del Mundo y Un Verano Sin Ti dominaron listas como el Billboard 200, su ascenso simboliza una transformación en el gusto global y en los modelos de éxito dentro de la industria musical.
Este momento en el Super Bowl, por tanto, va más allá de la actuación efímera: forma parte de un fenómeno cultural donde la música en español y las expresiones latinas ya no son una excepción, sino una pieza central dentro de la conversación global sobre arte, identidad y representación.
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xmh