Mientras el reloj se acerca a la medianoche y las mesas se llenan de brindis y despedidas, hay quienes ponen especial atención en cada movimiento durante las últimas horas del año. Para muchas familias en México, el 31 de diciembre no solo es una fecha de celebración, sino un momento en el que las acciones cotidianas adquieren un significado especial, impulsadas por creencias populares que buscan atraer un mejor inicio de año.
Estas prácticas, transmitidas de generación en generación, no tienen respaldo científico, pero siguen presentes en la vida diaria de millones de personas. Más allá de la superstición, forman parte de una manera simbólica de cerrar ciclos, dejar atrás lo negativo y recibir el nuevo año con expectativas renovadas.
Acciones que algunos evitan antes de la medianoche
Entre las creencias más comunes está la de no barrer ni sacar la basura durante la noche del 31 de diciembre. Según la tradición, estas acciones representan alejar la buena fortuna o las oportunidades que podrían presentarse en los meses siguientes. Por ello, hay hogares donde la limpieza se adelanta o se pospone hasta el 1 de enero.
También se procura no romper objetos, especialmente platos o vasos. En el imaginario popular, los objetos rotos simbolizan conflictos, escasez o problemas personales. De la misma forma, muchas personas evitan discusiones, reclamos o enojos, con la idea de no cerrar el año cargando tensiones que podrían prolongarse.
Otras recomendaciones habituales incluyen no usar ropa dañada o sucia, no quedarse dormido antes de la medianoche y evitar recibir el Año Nuevo en soledad, ya que esto último suele asociarse con un año de distanciamiento o aislamiento social.
Por qué estas creencias siguen vigentes
Investigadores y especialistas en tradiciones culturales explican que este tipo de rituales persisten porque ayudan a las personas a enfrentar la incertidumbre del futuro. El cambio de año suele venir acompañado de expectativas económicas, personales y familiares, y seguir ciertas reglas brinda una sensación de orden y control.
Además, muchas de estas costumbres promueven valores como la convivencia, la armonía familiar y el cuidado de las relaciones personales, más allá de su significado supersticioso.
Al final, cada persona decide qué tanto peso dar a estas tradiciones. Para algunos son simples rituales heredados; para otros, una forma de iniciar el año con intención y optimismo. Lo cierto es que, con o sin creencias, el 31 de diciembre sigue siendo un punto de partida para reflexionar, cerrar etapas y plantear nuevos objetivos.
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xmh