Hace días en una reunión de carácter social se comentaban las posibilidades sucesorias de Omar García Harfuch. Véanlo entrar a un sitio público, se darían cuenta de que las mujeres votarían por él, dijo alguien. Y también los hombres, repuse yo.
El magnetismo político del secretario de Seguridad trasciende divisiones de género. Ya lo sienten presidenciable, y hasta codazos hay para tomarse la foto con él, como el penoso espectáculo en San Lázaro el lunes pasado.