El dúo dinámico y su manual para perder un caso en Tehuacán

Por claudia , 4 Febrero 2026

Hay decisiones cuestionables y luego están las que merecen tutorial. En Tehuacán acabamos de presenciar una clase magistral de cómo no defender a un cliente: tomar la ciudad, cerrar calles, incomodar a familias, tensar al poder público y llamar a eso “estrategia jurídica”. Brillante.

Cuando Miguel Ángel Celis Romero y su defensor, Carlos Tress Ogazón, concluyeron que la vía para recuperar la libertad no eran los tribunales sino la parálisis urbana, quedó claro que el expediente se les perdió y el criterio también.

Porque hay que decirlo con elegancia: cuando dos improvisados se juntan, el resultado es visible. Y audible. Y molesto.

El propio abogado lo explicó frente a micrófonos. No habló de pruebas ni de jueces; habló de calles. De presión. De miedo social. Repitió, como mantra, que “están en juego 11,000 empleos”, como si los trabajadores fueran fichas y la ciudad un tablero. Un chantaje social de manual, envuelto lugares comunes, frases rimbombantes y errores jurídicos de primero de carrera.

En paralelo, el discurso subió de tono: los denunciantes pasaron a ser “malandros”, “malhechores”, gente que “ya había robado a la empresa” y “le debía muchos millones”. Todo ello, por supuesto, sin una sola prueba. Juicio mediático exprés, cortesía del merolico de plaza.

Y entonces llegó el momento que retrata al personaje completo. En plena manifestación, el abogado se permitió decir —textual— que “a esa mano negra le vamos a hacer pedicure, pero con machete” y, en el mismo registro, habló de “cortar las garras”. Lenguaje fino, propio de seminario constitucional. Ahora bien, la pregunta incómoda es inevitable: ¿sabe el abogado-redentor que aludir a “cortar garras” y a un “machete” cuando se refiere a la defensa contraria ”integrada por una mujer” configura un discurso de violencia?

Desde su enanismo político y su particular “experiencia jurídica”,

¿Entiende que ese dicho puede leerse como violencia de género, más aún cuando se profiere en un contexto de presión pública y hostigamiento?

¿Sabe que ese acto es denunciable y que no se diluye por envolverlo en metáforas de plaza pública?

Para cerrar con “amabilidad”, remató con la recomendación terapéutica: que el denunciante se tome un tecito de tila.

El mismo orador que presume legalidad mientras amenaza, se burla y presiona desde la calle.

La pregunta que corre en las calles de Tehuacán y en los pasillos del poder estatal es obvia:

¿A qué improvisado se le ocurre buscar la libertad desafiando la estabilidad que presume el Estado?

¿A qué genio táctico se le ocurre mandar un mensaje al Poder Judicial bloqueando vialidades y forzando marchas?

Porque el mensaje sí llegó. A todos los poderes. Solo que no llegó como esperaban. Llegó como desorden, presión indebida y afrenta institucional. Llegó con la sutileza de quien cree que el ruido sustituye al derecho. No fue culiacanazo; fue tehuacanazo. Y el cerebro detrás no fue un estratega: fue un abogado que confunde la Constitución con el Código Penal y la calle, como juzgado.

Eso tiene nombre: enanismo político. Y lo asumieron completo.

Para colmo, olvidaron un detalle menor: ser abogado defensor no autoriza a irrumpir en una empresa donde no se está contratado, ni a someter trabajadores, ni a presionar proveedores para salir a marchar. Esos trabajadores tienen familias y dependen de una empresa que hoy sí funciona con gerencias y dirección, no con los caprichos de un socio que “paradojas de la vida”, “en su vida ha trabajado ahí”, frase que el propio vocero suele usar, aunque hoy le queda mejor a su cliente.

La cereza del pastel llega al revisar el equipo legal que acompaña la ocurrencia: abogados con pasado en la Fiscalía de Veracruz en los tiempos del hoy preso Javier Duarte, expedientes que la prensa veracruzana no ha olvidado. ¿De verdad ese es el historial que se contrata para pedir justicia?

La respuesta es simple y elegante: la improvisación explica todo. Sacaron el litigio a la calle, confundieron defensa con escándalo y creyeron que gritar “ya ganamos, que tiemblen” borraba un dato incómodo: el cliente lleva cuatro meses en prisión.

Al final, el llamado “dúo dinámico de Tehuacán” consiguió lo impensable: endurecer posturas, exhibir precariedad jurídica y convertir una defensa en caricatura. No avanzaron el caso; avanzaron el ridículo.

Así de claro, Así de fino Y Así de improductiva la defensa en caricatura.

 

@FerMaldonadoMX

 

clh

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