Historias de trinchera

Por claudia , 16 Enero 2026

Este miércoles debió volar rumbo a Asia, Pedro Pardo, un poblano profesional del periodismo gráfico que en febrero de 2012 mereció el premio en el concurso de realizado por el World Press Photo, el más prestigioso galardón a nivel mundial que reconoce la calidad gráfica de quienes se dedican a retratar realidades que escapan a la palabra escrita.

 Fue un solidario colega con quien el autor de esta columna compartió trinchera en el estado de Tlaxcala al nacer el nuevo siglo que permitió fortalecer una camaradería aderezada de desafíos cotidianos para efectuar coberturas en un laboratorio social y político en un pequeño estado del país que encierra complejidades dignas de ser retratadas … y contadas.

Un 30 de diciembre invernal los periodistas Fabián Robles, Vladimir Sánchez, Pardo y este columnista tuvieron que pernoctar dos noches dentro de un viejo automóvil Tsuru, perdido en una pequeña comunidad en el cerro de Oztoque en Tizatlán hasta donde tendrían que llegar los granaderos para desalojar a todo un pueblo por un mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El gobernador de ese entonces era el perredista ahora militante de Morena, Alfonso Sánchez Anaya (1994-2005) que se veía obligado a cumplir con la determinación del Alto Tribunal a riesgo de decretar desaparición de poderes, en un hecho inédito en el país: Sánchez Anaya; los 32 legisladores del poder Legislativo y el Judicial estaban en riesgo ante la probabilidad de un estallido de ingobernabilidad.

Hubo horas tensas previo a la violenta jornada de desalojo, que en efecto sucedió. Un día antes, el 30 de diciembre llegó a ese pequeño lugar Ignacio del Valle, líder del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra para asesorar a los habitantes de esa pequeña colonia, en disputa ancestral con los comuneros vecinos que reclamaron como propia la tierra.

El hermanamiento de esa jornada informativa no se diluyó con el paso de los años. Pocos años después Pardo y este reportero nos metimos a una enorme manifestación silenciosa por las calles del Centro Histórico de Puebla, que tuvo como protagonistas a los seguidores de la Santa Muerte.

Los rezos, música incienso y olor a mariguana inundó la avenida Reforma para el asombro de la jerarquía de la Iglesia Católica, las buenas conciencias de la sociedad y el silencio de la prensa poblana convertida en galería de claustro, acostumbrada a la vocería monacal y conservadora, que aún prevalece.

La última vez que coincidí con Pedro fue en el puerto de Acapulco. Una tarde bulliciosa de viernes en Galerías Diana, al salir de un café, dos mandos de la Policía Ministerial fueron acribillados con armas largas desde del camellón con una precisión de tiradores expertos que, en medio del gentío, dieron en el blanco.

Habrá sido 2013. México vivía con las secuelas que aún padece: los estertores de la guerra contra el narco de Felipe Calderón. Pardo ya cargaba con esa aura y prestigio por el World Press Photo por una imagen que ponía el acento en la cruenta batalla entre cárteles en Guerrero, con una cantidad incuantificable de bajas entre los grupos rivales y la sociedad civil.

Apenas hubo tiempo de un saludo fugaz porque debió moverse a otra locación en la que habían sido dejadas en vía pública cinco cabezas humanas. La crónica periodística que demanda inmediatez, arrojo y precisión. Lo vi correr con su equipo a cuestas, como ya lo había visto en el encontronazo en Oztoque.

Pardo es ahora corresponsal de France Press en Mongolia y China. Hace tres años vive en esa zona del mundo. Testarudo como los buenos, escribe su historia a base de imágenes.

En una breve charla compartió su experiencia. El gozo de saberlo en lo suyo, con la humildad que acompaña su personalidad es grande.

 

@FerMaldonadoMX

 

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