Durante años aprendimos a romantizar la idea de que el amor todo lo puede.
Que, si existe afecto verdadero, cualquier diferencia se supera. Pero hay relaciones donde el problema no es la falta de amor. Es la imposibilidad de encontrarse emocionalmente en el mismo idioma.
Pocas conversaciones resultan tan necesarias como hablar de las relaciones entre personas neurotípicas y personas diagnosticadas con Trastorno del Espectro Autista (TEA).