La IA ¿creará desempleo?

Por leticiam , 1 Marzo 2026

“En el año 2019 entrevisté a Nicholas Negroponte, un nombre legendario entre los primeros pensadores de la era de internet, el autor del influyente ensayo El mundo digital en 1995. Le pregunté si la robotización y la inteligencia artificial (por entonces nadie de a pie había usado esta última) acabarían con tantos empleos como calculaban entonces, ciertos informes: millones de puestos en peligro, decían”.

La respuesta fue sorprendente: “Es más fácil automatizar la mayoría de las actividades intelectuales que, por ejemplo, la mayoría de los empleos en servicios como preparar comida rápida. Probablemente será más fácil tener un robot abogado o contable. El desplazamiento del empleo no estará basado en las capacidades intelectuales”.

En su artículo “La IA amenaza su empleo de cuello blanco. O le regalará una vida ociosa”, Ricardo de Querol, directivo y analista del español Grupo Prisa, comenta que lo que anunciaba Negroponte hace más de seis años conecta con la actualidad porque se percibe cierto miedo, en algún caso pánico, por el impacto en el mercado laboral de la implantación de la Inteligencia Artificial.

Se escucha a conferenciantes y consultores sus versiones de esta frase frecuente: “No te va a sustituir una IA, sino una persona que sepa manejarla”. Sin embargo, hay señales de que la IA puede reemplazar a los dos, también al que sabe manejarla.

Decía Negroponte que los empleos más expuestos no son los de empaquetar hamburguesas, ni los motociclistas de las plataformas de reparto a domicilio, porque para las empresas todavía es más barato un empleado precario con el salario mínimo que entrenar para ello a los caros robots.

“Los amenazados son los auditores, los administradores, los mismos programadores, incluso los ingenieros de IA, devorados por su creación”.

“El terremoto de la última versión de la IA alarma a los expertos”, escribió desde Washington Jesús Sérvulo González ante el revuelo que han desatado las últimas versiones de ChatGPT o Claude, de Anthropic.

Como cuenta el artículo, un niño podrá dar instrucciones para crear un videojuego a su medida; proliferan programas de idiomas creados por personas con escasos conocimientos informáticos, y la automatización está lista para saltar a sectores no tan evidentes como la logística, las aseguradoras o las consultoras.

Para preocupar a muchos, el problema de fondo es que cuesta encontrar un trabajo intelectual que la IA no vaya a ser capaz de hacer con solvencia en un futuro próximo. Shumer lo resume así: “La IA no reemplaza una habilidad específica. Es un sustituto general del trabajo cognitivo”. El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, lo dice con otras palabras: “La IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos”.

Los gigantes de la tecnología han iniciado rondas de despidos que se cuentan por decenas de miles según implantan la IA en sus procesos internos. AmazonHPMeta y Apple han sido los últimos ejemplos.

El banco español BBVA llegó en diciembre a un acuerdo con OpenAI para ofrecer a sus clientes “una experiencia más inteligente, proactiva y totalmente personalizada”, y también para asistir a sus empleados con IA; mientras que Santander prepara un plan estratégico que incluye fuertes recortes de costos en paralelo a la adopción de soluciones de inteligencia artificial. Ninguno ha confirmado que vaya a reducir plantilla, como por otro lado es la tendencia del sector desde hace años.

Es defendible argumentar que, como en anteriores revoluciones tecnológicas, van a destruirse empleos, pero van a surgir otros, igual que desaparecieron tantos oficios a lo largo de la historia. Un factor tranquilizador es que la mayoría de los países desarrollados tienen cifras de desempleo históricamente bajas, y alguno roza el pleno empleo.

El año pasado, un informe del Foro de Davos le puso números: en un plazo de cinco años se crearán 170 millones de empleos y se destruirán 92 millones por el impacto de la IA. Es un pronóstico más optimista que el que señalan otras voces: serían casi dos empleos nuevos por cada uno perdido.

Los bancos, las aseguradoras y los bufetes de abogados son candidatos obvios para automatizar roles de nivel inicial.

¿La IA nos quitará el trabajo y nos dejará en el abismo? ¿O será verdad que permitirá que nos dediquemos a escuchar el piano y leer poesía como las élites del siglo XIX?

El reto está ahí y cada día es mayor, países como México empiezan a vivir el torbellino de la IA que llegó para quedarse, aunque aún no sepamos a dónde nos llevará.

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