Después de la reunión de la presidenta Claudia Sheinbaum con los directivos de las automotrices establecidas en México quedó claro que la industria “debe redefinir su historia”.
El viernes pasado en su columna de El Financiero, periódico económico del que es director, Enrique Quintana, el más prestigiado periodista económico, dejó en claro que “si el sector quiere recuperar dinamismo exportador, tendrá que acometer cambios estructurales: política industrial moderna, formación técnica, impulso a proveedores de electrónica y software, infraestructura, energía y logística”.
Entre 2018 y 2024, el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, las exportaciones manufactureras de la industria automotriz crecieron a una tasa anual promedio de 4.9 por ciento. En 2025, por primera vez en mucho tiempo, no crecieron y cayeron en 4.2 por ciento.
“Al término del año 2022, las exportaciones automotrices representaban el 33 por ciento del total de las exportaciones manufactureras. Al final del año pasado significaban el 27 por ciento del total.
“Es muy claro que las exportaciones tanto de autos como de partes de vehículos han ido perdiendo terreno en el comercio exterior de México.
“Por eso, la reunión sostenida por la industria del automóvil hace pocos días con la presidenta Sheinbaum es muy relevante”, establece Quintana en sus Coordenadas.
México tiene al ecosistema automotriz como su principal rama de la industria.
“Si logra revertir la tendencia a la baja, habrá muchas regiones en las que el desempeño económico será mucho mejor. Pero, además, existe el dilema de las ventas de vehículos en el mercado interno. La llegada de los autos chinos en los últimos 5-10 años, cambió las reglas del juego”.
El presidente Donald Trump insiste en que quiere solo vehículos producidos en Estados Unidos, lo que nunca va a suceder. Desea que sus socios tengan reglas de acceso a los vehículos chinos semejantes a las que tiene Estados Unidos. Eso significa poner aranceles altos a los vehículos asiáticos.
“En Estados Unidos, como han reiterado la USTR, el Departamento de Comercio y asociaciones como la Alliance for Automotive Innovation, el auto dejó de ser un bien más: es un activo estratégico. El foco ya no es solo el precio, sino el control de insumos críticos y del software. Si Washington decide “cerrar puertas” a China, presionará a sus socios para que no se conviertan en ruta de entrada.
“La Agencia Internacional de Energía y BloombergNEF ha documentado que la electromovilidad está trasladando el valor del motor al paquete de baterías, a la electrónica de potencia y al código que administra todo. En ese tablero, producir autos ya no es suficiente. La pregunta es si México puede escalar hacia componentes críticos e ingeniería, o si se quedará en el ensamble y en autopartes maduras, con menor margen y mayor vulnerabilidad.”, añadió.
En Europa y en EU, los filtros se están moviendo del arancel al estándar: trazabilidad de origen, huella ambiental, seguridad del vehículo, ciberseguridad y cumplimiento aduanero. Para México, eso significa que el T-MEC será cada vez más una aduana con lupa. Quien no documente, no entra; quien no cumpla, paga. Esto vuelve esencial profesionalizar verificación, reglas de origen y control en la cadena de proveedores.
“Consultoras coinciden en lo mismo: energía suficiente y confiable, logística predecible, Estado de derecho y certidumbre regulatoria. Son variables que determinan dónde se instalan las nuevas líneas. Una planta de vehículos o baterías no se decide por un discurso, sino por kilowatts, tiempos y riesgo. En un entorno de tasas altas y competencia global, cualquier fricción se vuelve un impuesto.
“La entrada de marcas chinas amplió oferta y presionó precios; también elevó la vara para el resto. Si se suben aranceles, la mezcla del mercado cambiará y el consumidor resentirá; si no se hace nada, la inversión productiva regional se desincentiva. El punto fino no es “cerrar” o “abrir”, sino poner reglas parejas y exigibles: seguridad, emisiones, verificación aduanera y condiciones fiscales equivalentes, de modo que la competencia sea real y no una asimetría”, agregó.
Enrique Quintana establece que la reunión con la presidenta importa: lo que está en juego no es un capítulo coyuntural, sino el lugar de México en la siguiente ola industrial.
Si el sector automotriz quiere recuperar dinamismo exportador, tendrá que acometer cambios estructurales: política industrial moderna, formación técnica, impulso a proveedores de electrónica y software, infraestructura, energía y logística.
“En un mundo que se reordena a golpes, la resiliencia se construye con capacidades, no con nostalgia”, remata el columnista.
Este año se escribirán nuevas páginas de la industria automotriz establecida en México.
Los tiempos por venir serán determinantes.
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