Ciudad de México.— Las enfermedades del corazón se consolidaron como la principal causa de muerte en México durante el primer semestre de 2025, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). En ese periodo se contabilizaron 192 mil 518 defunciones por este grupo de padecimientos. La mortalidad fue mayor entre hombres, con 102 mil 936 decesos, mientras que en mujeres se registraron 89 mil 567.
La Secretaría de Salud señala que las enfermedades cardiovasculares —en particular la cardiopatía isquémica o enfermedad coronaria— son las más comunes y la principal vía hacia los infartos. Estas afecciones se asocian con daño en los vasos sanguíneos, sobre todo en la aorta y en las arterias coronarias, y su identificación temprana resulta determinante para evitar desenlaces fatales. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) define como “enfermedades del corazón” a todos los trastornos que afectan el órgano y su red vascular, con énfasis en las arterias coronarias y la aorta.
La obstrucción gradual de las arterias por acumulación de colesterol reduce el flujo sanguíneo y, por ende, el aporte de oxígeno al músculo cardíaco, fenómeno conocido como isquemia. Cuando esa disminución causa dolor opresivo detrás del esternón que puede irradiarse al brazo izquierdo, la mandíbula o el cuello, se manifiesta como angina de pecho. Si una arteria se bloquea por completo sobreviene el infarto. Ante este riesgo, los síntomas no deben minimizarse: además del dolor torácico característico, pueden presentar sudoración fría, náuseas, urgencia para evacuar e incluso una sensación de muerte inminente.
El origen de muchos de estos problemas se encuentra en lesiones del endotelio de las arterias coronarias. Sustancias como la nicotina, así como niveles elevados de glucosa y colesterol, deterioran la pared vascular y favorecen la formación de placas. Existen, sin embargo, factores de riesgo que pueden prevenirse o controlarse mediante hábitos saludables. Entre ellos destacan el tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la obesidad y el estrés, todos susceptibles de mejorarse con alimentación equilibrada y actividad física regular.
El diagnóstico no depende de un solo estudio, sino de una evaluación clínica integral que considere antecedentes, exploración física y herramientas complementarias. Entre las más utilizadas se encuentran el electrocardiograma, la prueba de esfuerzo, el ecocardiograma y, cuando es necesario, el cateterismo cardíaco para evaluar directamente el estado de las arterias coronarias.
Una vez establecido el diagnóstico, el objetivo terapéutico es aliviar los síntomas, limitar el daño y prevenir la formación de coagulos. Para ello pueden indicarse modificaciones en el estilo de vida —que en ocasiones son suficientes para estabilizar la enfermedad—, medicamentos que disminuyan la carga de trabajo del corazón, controlen el colesterol y prevengan arritmias, así como procedimientos médicos o quirúrgicos acompañados de rehabilitación cardíaca.
La autoridad sanitaria subraya la importancia de cuidar la salud física y emocional a lo largo del tiempo. Se recomienda abandonar el tabaco, mantener un peso adecuado y consumir alcohol con moderación. Las personas mayores de 40 años, y en general quienes presenten factores de riesgo, deben acudir a consulta médica para diseñar un plan preventivo personalizado que reduzca la probabilidad de eventos cardiovasculares.
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Foto Ilustrativa
djs