Lausana, Suiza.- El comercio de especies silvestres , tanto legal como ilegal, incrementa de forma importante la transmisión de patógenos entre animales y humanos, lo que eleva el riesgo de brotes epidémicos e incluso de pandemias , según concluyó un estudio que plantea la necesidad de fortalecer las medidas de biovigilancia para limitar el contacto con animales portadores de virus o parásitos.
La investigación fue desarrollada en el Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Lausana y sus resultados fueron publicados en la revista Science . El trabajo logró medir el impacto que tiene el comercio internacional de fauna silvestre en el intercambio de gérmenes y parásitos entre animales y personas.
De acuerdo con los autores, numerosas especies salvajes son comercializadas como mascotas , trofeos de caza, insumos para la medicina tradicional, investigación biomédica o por su carne y piel. Entre ellas figuran erizos , elefantes , pangolines , osos y zorros del desierto . Estas prácticas, señalan, afectan a cerca de una cuarta parte de todas las especies de mamíferos.
El equipo, encabezado por la investigadora Cleo Bertelsmeier , analizó el papel del comercio internacional de vida silvestre en la transmisión de agentes infecciosos entre animales y humanos. Aunque este vínculo cobró fuerza en el debate público tras la aparición del COVID-19 , asociado a la venta de animales en el mercado de Wuhan , los científicos subrayaron que hasta ahora no se había realizado una cuantificación precisa del fenómeno.
Para ello, los investigadores reunieron cuatro décadas de datos sobre importación y exportación de fauna silvestre, tanto en circuitos legales como ilegales, y los cruzaron con compilaciones sobre relaciones entre huéspedes y patógenos. A partir de este análisis se concluye que los mamíferos silvestres comercializados tienen 1,5 veces más probabilidades de transmitir agentes infecciosos a los humanos que aquellos que no forman parte de ese mercado. El riesgo, añadieron, todavía es mayor cuando las especies se venden de forma ilegal o cuando son comercializadas vivas , como ocurre con muchas mascotas exóticas.
Uno de los hallazgos que más llamó la atención del equipo es que el tiempo que una especie permanece en el mercado resulta determinante. En promedio, una especie comparte un patógeno adicional con los humanos por cada diez años que permanece dentro de los circuitos comerciales.
El estudio se enfocó en mamíferos salvajes , es decir, especies no domesticadas sobre las que los humanos no han ejercido presión selectiva, a diferencia de animales como gatos, perros, ganado vacío o camellos. Dentro de esta categoría se incluyen ejemplares capturados en su hábitat natural y también individuos criados en cautiverio, por ejemplo para la producción de pieles.
Los investigadores también contemplaron el auge de nuevas mascotas exóticas , como zorros del desierto, nutrias, erizos pigmeos africanos, gatos leopardo o petauros del azúcar, cuya compra ha sido impulsada por su popularidad en redes sociales . El análisis abarcó tanto el comercio de animales vivos como el de productos derivados, entre ellos pieles, escamas y cuernos.
Aunque los especialistas indicaron que la posibilidad de contagio por tocar un piano con teclas de marfil o por usar pieles es prácticamente nula, advirtieron que el verdadero problema se ubica al inicio de la cadena comercial, cuando alguien debe capturar, despellejar y transportar al animal.
El equipo se interesó inicialmente en el comercio de fauna silvestre por tratarse de una fuente de invasiones biológicas , ya que los ejemplares pueden escapar o ser liberados y afectar los ecosistemas locales. Sin embargo, esa actividad también implica otros riesgos importantes: por un lado, la posible extinción de especies derivada de la sobreexplotación de poblaciones naturales; y por otro, el intercambio de patógenos con los humanos, eje central de esta investigación.
Además del antecedente de la pandemia provocada por el coronavirus causante del COVID-19, los autores recordaron que en 2003 se registró en Estados Unidos un brote de viruela del mono transmitido por perros de la pradera comercializados como mascotas.
A partir de estos resultados, los investigadores señalan la necesidad de reforzar la biovigilancia sobre animales silvestres y productos derivados, con el objetivo de detectar agentes infecciosos y evaluar su potencial de transmisión a las personas. Advirtieron además que el principal acuerdo multilateral que regula el comercio internacional de especies, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) , está enfocada únicamente en evitar la extinción de especies y no en los riesgos sanitarios asociados a este mercado.
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Foto: Especial
Djs