La noche de este martes 5 de mayo fue una de las peores que hayan tenido quienes habitan en colonias como Prados Agua Azul, Mayorazgo, Leobardo Coca, Villa Encantada, El Cerrito, San José Mayorazgo y Concepción Guadalupe.
Sobra hacer un cálculo del número de familias que habitan en la zona y resultaron damnificadas del abuso, la falta de actuación de las autoridades y la impunidad que se respira en la capital, como a continuación se demuestra con un conjunto de evidencias que no admiten réplica ni duda. Es, en todo caso, el resultado de vivir en una ciudad ingobernable.
Basta decir que son asentamientos de larga tradición en la concepción de la capital como una de las de mayor importancia en la República, que todos los días ofrece un panorama caótico del que se benefician mafias y grupos de poder históricamente intocables. Las evidencias forman parte del malestar ciudadano que no ven otro responsable que el ayuntamiento capitalino.
Una de las más obvias por reciente, ocurrió en el Campo Deportivo Atoyac al sur de la capital en donde se realizó lo que bautizaron como la “batalla sonidera” a cargo de una empresa de nombre Sonidero Latino TV, anunciada en Facebook.
Comenzó a las 5:00 de la tarde y terminó casi a las 4:30 de la mañana con un estruendo que superó notoriamente los límites establecidos en la Ley de Atención y Prevención de la Contaminación Visual y Auditiva para el estado de Puebla; el Código Reglamentario Municipal; y la Norma Oficial Mexicana NOM-081-SEMARNAT-1994.
Nadie supervisó porque se trataba de un día inhábil, ocurrió de tarde a muy entrada la madrugada o porque hubo algún funcionario que por debajo de la mesa recibió dinero. No hay una prueba de la hipótesis, pero si se pone en una balanza, la ferocidad del personal responsable de vigilar la observancia de comercios u oferentes de servicios respecto de la norma obliga a la sospecha.
Por lo pronto, nadie pudo dormir porque Sonidero Latino TV superó con sobrada prepotencia las normas que limitan los decibeles en eventos públicos. Nadie les puso un alto y la impunidad volvió a imponerse en la dinámica de los capitalinos. No es el único caso, como se observa.
El sábado 2 de mayo un joven cayó muerto a palos en la Plaza AM 3 entre la 9 Sur y 115 Poniente en la Unidad Habitacional Agua Santa. Por ahí en el CERI debe estar el reporte, pero nada más se supo.
Quedó tendido sobre el pavimento boca arriba, enfundado en su pantalón de mezclilla y zapatos tenis. A un costado, una mochila en donde guardaba objetos que durante el día había robado.
Se trata de una zona al sur de la capital en donde se reúne un grupo de asaltantes para intercambiar carteras, teléfonos celulares y relojes que por el día obtienen producto de sus actividades pandilleriles. La Policía Municipal, como todos los vecinos, saben de esa actividad, pero como en el caso del Deportivo Atoyac, no mueven un dedo.
El 27 de enero de este año los reporteros Belén Castellanos y Antonio Pineda, de la cadena Imagen TV en Puebla fueron agredidos a la luz de la mañana. No fue necesario que el agresor ocultara el rostro porque por años ha gozado de la protección del gobierno municipal. Se trataba del llamado “Fede”, Federico Flores López, líder de la agrupación Fuerza 2000.
Nadie lo tocó ni con la hoja de un extrañamiento, ya ni decir denuncia. El municipio volteó en otra dirección, como sucedió en el caso del Deportivo Atoyac o el muerto y la guerra pandilleril de Agua Santa porque en la práctica, la ciudad es ingobernable.
@FerMaldonadoMX
clh