Claudia Sheinbaum es una presidenta a la que le gusta desperdiciar oportunidades. Con una cosmogonía diferente a la de su jefe político, Andrés Manuel López Obrador, se pensaba que ella, verdaderamente de izquierda –aunque dogmática, pero entendedora de cómo funcionaba el mundo–, lo recorrería para vender un país donde podían invertir. Pronto mostró lo equivocados que muchos estaban. Tiene una visión tan aislacionista como su antecesor, pero, a diferencia de él, no tenía condiciones socioeconómicas tan apremiantes como hoy en día.